Espera, aguanta… Ahora viene lo mejor

Cuando Pedro, el fundador de One Two Tree, me dijo por teléfono que no me arrepentiría de ir a Nicaragua para enseñar inglés, sus palabras exactas fueron: “Vas a vivir en condiciones muy muy humildes, comerás cada día arroz con frijoles y te ducharás con agua fría. Pero no te vas a arrepentir”. Ahora, si alguien me preguntara a mi solo contestaría: “No te vas a arrepentir, no te vas a arrepentir, no te vas a arrepentir”. Y lo otro… Pues sí, es verdad. Yo viví en condiciones muy humildes, me duché con agua helada y comí arroz varias veces al día. Pero el cariño de mi familia nicaragüense fue tan grande que lo demás dejó de tener importancia al segundo día. Doña Nubia, Estherzi, Robin, Osmani y Luisita fueron mi familia durante 3 semanas en Nicaragua; así como la encantadora doña Rina y sus hijas, las vecinas de la casa de enfrente. Un aspecto que leí en las guías de viaje y que pude comprobar es la amabilidad y generosidad sin límites que caracteriza a los nicaragüenses… ¡A veces esos límites los tienes que poner tu!

Empecé las clases tres días después de llegar y me impactó el estado de las escuelas y su organización. Las aulas están viejas y tienen muy poco material con el que trabajar. Además los alumnos están divididos por grados independientemente de su edad: por ejemplo, yo tenía una clase de primaria con casi cuarenta alumnos que tenían desde once hasta dieciséis años. Está claro que la educación en Nicaragua no ha sido una prioridad para sus gobiernos. A pesar de todo, los niños son muy agradecidos y algunos tienen unas ganas tremendas de aprender. En mi primera clase les pregunté por qué creían que era importante aprender inglés y la respuesta más común fue: “Para ir a los Estados Unidos”. Para ellos, estudiar inglés es un trampolín hacía “el país de las oportunidades” y escapar de la pobreza que azota a su país. Cantamos canciones y repasamos con juegos algunos topics como los numbers, los colours o los feelings, pero por la brevedad de mi estadía en Diriamba decidimos con el coordinador de One Two Tree que lo mejor sería no enseñar más temas sino repasar los ya estudiados y encargarme de evaluar su nivel de inglés con un examen. A los niños no les entusiasmó demasiado la idea pero finalmente los resultados fueron mejor de lo esperado e incluso hubo varios dieces!

Una de las cosas buenas de One Two Tree es que permite compaginar las clases con mucho tiempo libre durante la semana y largos fines de semanas, ya que los viernes no hay clases de inglés. Mi caso fue excepcional porqué coincidí con las fiestas patrias y no hubo clase en una semana entera. Eso me permitió viajar por una semana entera junto con otra voluntaria y ahora ya amiga, Gara, por la isla de Ometepe y San Juan del Sur. Muy recomendable dormir en alguna finca ecológica de esta isla (en mi caso parecía más una comuna hippie de muy buen rollo); y en las preciosas playas de San Juan (cerca de la frontera con Costa Rica) pude vivir una de las experiencias más increíbles: ver a las tortugas gigantes marinas subir a la playa y poner los huevos bajo la arena. El fin de semana anterior había ido sola a Granada, una de las joyas coloniales de América. Nunca antes había viajado sola con una mochila en mi espalda por un país desconocido y, a pesar de que Granada sea una ciudad tranquila y uno de los pocos focos turísticos del país, a veces la sensación de inseguridad puede llegar a ser frustrante en Nicaragua. Aun así, no estuve sola en ningún momento porqué conocí a otros viajeros e hice amigos inolvidables, como Dante, de Argentina.

También en Diriamba he conocido a gente maravillosa: todos los voluntarios de One Two Tree, los chicos del Grupo de Voluntariado Europeo (mención especial para Marijus) y como no, nuestro coordinador, Roberto, con el que iremos a Vigo para comernos una mariscada con Manuel (o Don Cuco), el padre de Pedro y mi primer soporte cuando llegué a Nicaragua.

Para terminar quisiera comentar qué ha significado esta experiencia para mi. En una de nuestras primeras conversaciones con Roberto le comenté que me sentía insegura con las clases porque las primeras no habían ido demasiado bien: los niños no prestaban atención, entraban y salían del aula cuando les parecía y los profesores del colegio tampoco daban el apoyo esperado. Además me sentía también insegura paseando por las calles de Diriamba (una anotación: los nicaragüenses tienden a exagerar un poco, y si te ven solo o sola por la calle en seguida te advierten que es mejor ir acompañado), muchos de los comercios de esta localidad están cerrados con puertas de barrotes y en caso de querer comprar algo, hay que pedirlo desde el otro lado de la puerta. Son muy precavidos con los ladrones y asaltantes. Pero para una europea que está acostumbrada a ciudades abiertas a la gente esta actitud extremadamente preventiva asusta un poco. Dicho todo esto, Roberto me dijo una frase que después ha resultado ser cierta: “Cuando estás solo en un entorno desconocido, tienes que esperar y aguantar porque después de conocerlo, te acostumbras y viene lo mejor ”. Y así fue. Esperé, aguanté las inseguridades que tenía (todas, también las que no tenían que ver con la seguridad) y, entonces, lo mejor no se dejó esperar. Enseguida comprendí la gran experiencia que estaba viviendo y lo necesario que era aprovechar al máximo cada uno de los días que me quedaban allí.

Quiero despedirme haciendo un reconocimiento a One Two Tree por su labor social y educacional en Nicaragua; el trabajo y esfuerzo de los responsables de la asociación y de sus voluntarios es impagable. Esperamos ver algún día los frutos de nuestro trabajo con la mejora de la educación en Nicaragua y en Centroamérica.